En el ojo del huracán

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Marcelo Salinas|En órbita 👉🏽 Son momentos difíciles. Estas líneas se redactaron frente a la incertidumbre por el inminente golpe del huracán que amenazaba, hasta el cierre de esta columna, con categoría 4, tirándole a 5. (Nota del editor: finalmente fue en 2). El saldo se conocerá a partir de hoy. Quintana Roo prolonga la emergencia. A la contingencia sanitaria por el coronavirus se suscitaron dos en seguidilla, por Gamma y Delta.
Las hidrometeorológicas no resultan ajenas en el estado; no obstante, los datos previos preocuparon demasiado, particularmente a quienes recordaron la tensa calma horas antes de Wilma (2005), muy similar a la de ayer. Algunas agencias compararon los fenómenos y la referencia al de hace 15 años -también en octubre- exacerbó los temores. En la categoría que haya tocado tierras quintanarroenses, el golpe será brutal por el contexto.
Está a prueba la cultura preventiva, más allá de la exclusiva «antihuracanes», porque el virus ha menguado, pero no se ha ido. Ello supone que un descuido en masa pudiera estropear la salida. En albergues, hospitales y casas de acogida, el cuidado, y el autocuidado, deben ser extremos; impecables para evitar brotes y repuntes indeseables por todo lo que se juega. Las medidas sanitarias no deben relajarse. Las filas extensas y las compras de pánico, sin esa cautela, eran malas señales. Estamos «en el ojo del huracán».
Además de la protección civil, la seguridad pública tiene que fortalecerse. Entre los recuerdos más ingratos de Wilma están el saqueo y la rapiña. Durante la peor etapa de la Covid-19 se alertó algo similar. Es posible que se registren actos de esa naturaleza. La orden es atajar.
La ciudadanía puede colaborar haciendo lo que corresponde: desde asegurar sus bienes y abastecerse adecuadamente, hasta denunciar y fomentar la conciencia colectiva. Quienes no puedan por falta de recursos o aislamiento, son quienes sufren más, y por desgracia, la situación de vulnerabilidad se vuelve más dramática. Para ello están las brigadas de atención. Que funcionen.
Las autoridades de la entidad observan un panorama gris. Llueve sobre mojado. El recorte de recursos financieros directos y los fondos de desastres prácticamente inoperantes ya, complican la maniobra cuando deciden resolver sobre la marcha algunos apuros. Con arcas en sequía, seguramente empeora.
Es un parteaguas. La recuperación, condicionada nuevamente, cobra un sentido más amplio y confuso. Veremos qué resulta de la nueva urgencia.

(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES, MIÉRCOLES 7 DE OCTUBRE DE 2020).