Seguridad: la otra cara

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Marcelo Salinas | En Órbita >> Las medidas ya son más drásticas en Quintana Roo, acorde con los protocolos, y al parecer, todavía a tiempo; porque las autoridades aseguran que los divulgados son casos importados, aún trazables, y por lo tanto, la situación general es controlable. Ello no quiere decir que la curva se aplanará o comenzará el descenso.
Primero han insistido en el distanciamiento, luego en el aislamiento y ahora en los filtros. En paralelo se han anunciado estímulos fiscales, despensas familiares y beneficios en comercios o bancos para clientes, entre otras gestiones para los primeros afectados colaterales. En este espacio hemos dado seguimiento puntual al proceso.
Todo ello corre en paralelo a la historia central: la propagación del virus, que es el número de casos con sus detalles técnicos. Pero la narrativa comienza a cambiar, sobre todo desde ayer, cuando se implementaron los filtros carreteros y urbanos, así como el cierre de playas en Cancún, Cozumel y paulatinamente en otros destinos.
Los filtros y los cierres son las acciones más duras hasta el momento. Y debe entenderse así: no se trata de limitar o cancelar las libertades, sino de mantener el orden que ha perdurado pese a la incertidumbre, a la ansiedad, al temor.
Debido a que mucha gente vive al día -como se dice coloquialmente- y dadas las rutinas determinadas por la vocación del estado, era necesario apretar para no perder ese aparente control de la población, ya no de visitantes ni de turistas, cuya mayoría ha retornado a su lugar de origen. Progresivamente, va dependiendo de nosotros mismos.
En tal escenario son plausibles las maniobras de la Policía Quintana Roo, que bajo Mando Único se despliega de norte a sur en la entidad. Con uso de megáfonos, drones, patrullaje y demás, propicia el repliegue social sin necesidad por ahora (no sabemos si más adelante) de lo que vemos en otros países: toques de queda, cordones sanitarios en ciertas demarcaciones y más.
La estrategia a cargo del secretario Jesús Alberto Capella Ibarra ha sido correcta hasta el momento. Es innegable que tranquiliza desarticular grupos con interés en el saqueo, deshacer las aglomeraciones, procurar la reducción del parque vehicular activo o multiplicar los rondines con perifoneo.
Puede asombrar. No estamos acostumbrados a ello en un estado nacido para relajarse y disfrutar; aunque no queda otra en un contexto tan complejo como el que vivimos.
Vendrán más y debemos estar listos. Conscientes, cuando menos.