Riesgos innecesarios

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Marcelo Salinas | En Órbita >> Conforme pasan los días se detectan riesgos innecesarios en el marco de la pandemia. Son al menos tres que tienden a exacerbar un ambiente complicado, ya de por sí tenso ante el número exponencial de casos en el mundo, una advertencia seria sobre brotes comunitarios y sus múltiples efectos colaterales.
Ellos son: un aislamiento prematuro tipo cuarentena; las compras de pánico, y la desinformación. Cada uno desencadena otros que, según los especialistas, configura un panorama indeseable rumbo a la siguiente fase de una crisis que llegaría a fin de mes: la dispersión del virus. Por supuesto, nadie quiere que se consume, aunque los expertos la han anunciado con antelación.
Sobre el aislamiento prematuro, cabe precisar: lo ideal es un aislamiento sutil, progresivo pero firme, acatando las recomendaciones en torno a guardar la distancia, evitar los saludos de mano, beso y abrazo, así como evitar en lo posible los sitios concurridos, como hospitales, plazas, supermercados, entre otros. Pero no uno tipo cuarentena aún. No lo amerita.
Seguimos en la fase uno; esto es, los casos son importados y no hay riesgo mayor. No significa relajar la disciplina. Ha sido una buena medida el adelanto de vacaciones, el problema es que anticipan un cansancio social, un hartazgo en quienes se aíslan demasiado cuando no es el apogeo, y pudieran salir cuando eso sí ocurra, suponiendo que llegue. Algo así constataron en China, Italia y España.
La insistencia en medios y redes oficiales de que “sí pueden ir a la playa” es el ejemplo evidente de que aún se pueden movilizar sin restricciones, considerando no obstante las recomendaciones sanitarias y antes descritas.
Lo mismo con las compras de pánico. Algunos adquieren productos en cantidades absurdas cuando el abasto está asegurado, provocan la escasez de ciertos productos y la inflación de los mismos por añadidura. Supermercados y cadenas de autoservicio confirman que se acaban ciertos productos, y por lo mismo, comienzan a limitar la compra.
Respecto de la desinformación, es más notoria en las plataformas. Lo ideal es seguir las cuentas oficiales o verificadas para asegurarse de que el material informativo haya pasado por un proceso cuyos filtros son más rigurosos. En esta era digital, la abundancia de datos y cifras pudiera ser un inconveniente si se manipulan inadecuadamente.
Podemos disciplinarnos y salir bien librados de los desafíos que se han descontrolado en otras latitudes.