Primero, la solidaridad

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Marcelo Salinas | En órbita >> A estas alturas, cuando el ascenso de la curva de la fase 2 crece vertiginosamente por los casos de transmisión comunitaria y estamos a días de entrar en la fase 3 (sin fecha determinada), el llamado a la solidaridad se escucha desde todos los rincones y destinado para distintos protagonistas.
El llamado a ser solidarios se propaga en todos los ámbitos y no solamente en favor de quienes sobreviven en situación de vulnerabilidad, sino también con los trabajadores de la salud, los policías, los de protección civil, los de servicios públicos y de diversas áreas que ayudan a otras personas e intentan mantenernos en cierta normalidad.
Va dirigido a los dirigentes políticos y servidores públicos, que debieran proporcionar esperanza y más oportunidades a los miles de desempleados nuevos por el cierre de tantos hoteles, negocios y comercios, por ejemplo en Quintana Roo, el estado con el mayor número de despidos. En el resto del país no es tan diferente la situación.
No es un momento para el egoísmo ni la soberbia ni la ambición, porque el desafío que enfrentamos es compartido por todos, sin distinciones de ningún tipo. No es momento para probar estrategias electorales ni de dudosas alianzas. Solamente el trabajo en equipo, con una colaboración transversal, puede dar frutos.
En un plano global, tiene eco en los países más ricos, que podrían pensar en reducir o anular las deudas de los que están en desarrollo, o levantar embargos y otras sanciones que mantienen a gobiernos y habitantes bajo condiciones inaceptables. Lo mismo en organismos multilaterales o representaciones religiosas.
Viene lo más difícil, es la conclusión unánime de quienes fungen como portavoces de la crisis. En México y el mundo ya se revisan las pérdidas de empleo, la carencia alimentaria, la inflación, la privación de productos y servicios, así como la nueva brecha entre ricos y pobres.
Ante todo este panorama desgarrador, la petición a ser solidarios cobra un sentido como nunca antes para quienes tienen la posibilidad de serlo, y se convierte en la esperanza para quienes no ven a los gobiernos haciendo lo suficiente, o a sus líderes religiosos ausentes y desmoralizados.
Según los teóricos, el planeta cambiará: se podría configurar un nuevo orden internacional, la concepción de la naturaleza será otra y probablemente las relaciones humanas serán distintas.
La solidaridad debe consolidarse en todos los campos como un valor humano inquebrantable. Sólo así progresaremos.