Morir en la raya

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Marcelo Salinas | En órbita >> En el “parte de guerra” figura personal médico entre las víctimas fatales. En el país sumaban 111 hasta el inicio de la presente semana, cuando se precisó la cifra. Podrían ser más. Los de la “primera línea” son los más expuestos ante el Covid-19 no solamente por su labor inevitable, sino porque algunos carecen de equipo y protección.
Ayer, en el Día Internacional de la Enfermera, en el Año Internacional de la Enfermería, se lamenta como nunca que parte de ese personal sea agredido, ignorado y literalmente sacrificado debido a reacciones tardías e ineficaces. Para analistas y expertos queda claro: no estábamos preparados, como aseguraron al inicio.
Es evidente la política centralista y de control desde el gobierno federal sobre los planes generales. Lo ideal hubiese sido tomar la decisión anticipada de adquirir material, comprar equipo y contratar más personal; no conseguirlo de la forma en que se hizo. Era lo ideal, aunque pudo ser peor.
Lo anterior tiene que ver con la calidad de la salud pública. En tales circunstancias la estrategia ha sido atender al mayor número de casos en grandes espacios para garantizar la cobertura, optimizando los equipos de protección; sin embargo, en ello subyace un riesgo natural: mermar la atención personalizada de los enfermos. Quizá tenga relación directa con la cifra de defunciones a nivel país.
Es que la clave del servicio especializado en un hospital, como el “Jesús Kumate” de Cancún por ejemplo, es la personalización; es decir, el detalle en la vigilancia, la monitorización, el tratamiento y los cambios oportunos, explica un especialista consultado.
Imaginemos otro escenario donde, desde el ámbito local, se hubiesen abordado colonias, manzanas, calles y casas en busca de casos sospechosos; test en abundancia; una mejor tecnología en hospitales, y un personal que genere certezas gracias a un respaldo de todo tipo.
Aunado a ello, la ayuda invaluable que siempre fluye de las organizaciones no gubernamentales que donan material, y una población resguardada a tiempo, tomando las medidas antes de la fase 3. ¿Mejor, no?
Pese a todo, Quintana Roo logra destacar. Las encuestas temáticas y las autoridades federales exponen el caso estatal como referente: vemos recintos con camas disponibles, nuevos hospitales exclusivos ya listos como el Oncológico de Chetumal desde ayer, y decisiones del gobernador Carlos Joaquín que desafían la inercia de otros.
Cuidado extremo. La urgencia no ha pasado.