Llegamos a lo peor

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Marcelo Salinas | En órbita >> Estamos en ese momento que tanto imaginamos al inicio de la pandemia: el ascenso rápido de la curva en la fase 3. Nadie quería llegar, aunque era inevitable. Lo advirtieron con antelación autoridades y especialistas. No hubo engaño.
Sabíamos que dependía en gran medida de las acciones sociales de sana distancia, aislamiento y autocuidado. También de proteger a los grupos de riesgo, y otras compartidas durante las semanas previas. Debimos aprenderlas de memoria.
En Quintana Roo y México en general se miran con incertidumbre e incluso con temor las cifras de positivos y defunciones. Es que las frías estadísticas a veces contienen nombres y apellidos conocidos, lo cual se asimila diferente. Pega más. Se sufre distinto.
A la par, surgen noticias sobre personal médico y recintos de salud que no siempre reconfortan. Hacen lo que se puede en hospitales y clínicas. Lo sabemos. Aquí mismo hemos analizado qué significa esa desdichada expresión en condiciones como la actual: “Se hace lo posible…”.
Está lista la infraestructura hospitalaria, instalados los módulos móviles y llegan más insumos. Los privados se incorporan con espacios y camas gracias a los acuerdos con los gobiernos de los tres niveles. ¿Será suficiente? Es todavía una pregunta abierta. Por supuesto, deseamos que sí.
Pero también constatamos el testimonio de quienes no se rinden, le han ganado al virus, coordinan esfuerzos, suman voluntades, dan lo mejor de sí y no esperan que los gobiernos dispongan para que ellas o ellos actúen en favor de la colectividad. Son líderes natos que aparecen espontáneamente y otros que se crecen ante las adversidades.
Estamos, pues, en esa etapa. Adentrándonos en la fase que no sabemos cuándo terminaría porque los modelos matemáticos no calculan el “sentir ciudadano”; y como esto depende mayormente de la sociedad, será crucial el comportamiento en masa. Ha sido determinante en el proceso, y será definitorio.
¿Qué nos queda entonces? Lo mismo de siempre, para quien no ha entendido: higiene, distancia, atención, solidaridad y sentido común. No podemos estar reclamando por la aparente suspensión de los derechos ni menos por la restricción de productos o servicios. No son vitales. La prioridad es salvar vidas, así de simple y dramático a la vez. Ya vendrá la recuperación. No cabe duda.
Siguen días complejos según lo previsto. Mucha fuerza y ánimo para quienes se juegan la vida en el campo de batalla.