Dos metas para «ya»

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Marcelo Salinas | En Órbita >> El llamado no admite más interpretaciones: “Quédate en casa un mes”. Así lo expresó Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Salud federal y responsable de conducir la contingencia por el Covid-19 en el país. En él recaen las críticas, aunque también las esperanzas. Ni más ni menos. Tan así, que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha manifestado seguir sus instrucciones: “Lo que él diga”, soltó en una mañanera.
Un mes. Lo anterior a ello fue entonces meramente preventivo, por cuenta propia, por lo que la invitación a permanecer en aislamiento social empezó -o debió ser así- desde el fin de semana recién pasado. Todo sirve. Cada minuto cuenta. Pero ya es oficial.
¿Qué sigue ahora con esa advertencia tan clara y con las estadísticas fluyendo sin problemas? Garantizar que el aislamiento se cumpla, sin las restricciones de ley como en otros países donde prefirieron cuarentenas obligatorias, toques de queda, cordones sanitarios rigurosos y otras medidas.
En Quintana Roo, las policías municipales y la estatal coordinadas por Mando Único recorren las ciudades para invitar a la población regresar a sus casas evitando así la propagación incontrolable del virus. Lo hemos visto durante los días más recientes.
Lo otro que sigue es vital: la impecable organización hospitalaria. Porque llegarán pacientes, y para la ocasión, deberán reportarse listos, sobre todo en los recintos públicos. Lo ideal, el objetivo, es que no colapse el sistema.
Cada responsable debe asumir un liderazgo con el ejemplo y la comunicación. Se debe procurar administrar los recursos, empezando por la infraestructura, la conversión de áreas, los materiales de protección, así como la disposición y el control del personal.
Hemos constatado manifestaciones por supuesta carencia de equipo, las cuales ya fueron atendidas por las instancias correspondientes, las mismas que insisten estar preparadas para lo que viene. Es decir, la curva ascendente de la fase 2.
En definitiva, se aspira a un liderazgo sólido, a una comunicación efectiva, a una gestión intachable de recursos y a fortalecer la información interna entre las jerarquías.
Todo ello se fue ajustando en países europeos donde se vieron rebasados por las cifras exponenciales. Es con base en la experiencia internacional. Ojalá no suceda en México.
Entramos a la etapa más crucial: o esto se dispara irremediablemente o se logra controlar para evitar el caos. Así lo plantean los expertos.
Lo primero compete a la ciudadanía; lo segundo, a las autoridades. Y es ahora.