A cuidar lo ganado

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Marcelo Salinas|En órbita 👉🏽 El escenario actual para mantener el equilibrio entre la recuperación y el control de la epidemia se parece al de junio-julio, cuando las autoridades se enfrentaron al dilema de cómo reactivar las actividades sin poner en demasiado riesgo a la población en el marco de la «nueva normalidad». El peligro es real, e inminente de algún modo. Es delicado en extremo.
Ahora está presente el rebote en los indicadores, justo cuando el destino se aprontaba a registrar sus mejores números desde el inicio de la emergencia. Sí los tiene de algún modo, pero la dificultad se constata nuevamente con las limitaciones que impone aún el amarillo del semáforo epidemiológico estatal, el instrumento válido para tales efectos.
Por colocar solo un ejemplo respecto de lo anterior: ese tono permite hasta el 60% de ocupación hotelera y no el 70-75% proyectado hasta hace algunos días. Con un 50% de promedio actual, ¿es posible que, sin embargo, se logre el porcentaje en torno al 70? Sí, aunque al límite de las posibilidades. Medio mundo confiaba en lograr el verde para esta fecha, lo cual hubiese significado la libertad casi total en relación con los aforos, las ocupaciones y las actividades, todavía con restricciones. No fue así entrando a diciembre.
Los vuelos procedentes de Canadá y Sudamérica inyectan optimismo, pero con la mayoría de los estados en naranja (según el semáforo nacional), se estanca cualquier progreso; sobre todo, porque se esperaba que el turismo nacional impulsara los índices. No hay garantías ya desde la semana pasada, cuando se confirmó el repunte de casos. Tampoco hay pesimismo. Quizás «duda» es el término más aceptado por estas horas.
Lo que debe seguir es actuar con responsabilidad absoluta. La ciudadanía debe saber que, si se retrocede en el semáforo, es una derrota en todos los frentes, incluido el de la recuperación que tanto ha costado fomentar. Significaría pérdidas, desempleo, quiebra, crisis. No hay otra interpretación, porque la economía sigue débil tras meses de múltiples golpes, con fenómenos meteorológicos que abonaron al caos.
El pacto recientemente firmado en la zona norte es un avance, aunque la sociedad siempre ha tenido la última palabra: o se autorrestringe con los cuidados conocidos, o la reversa es predecible con los costos implícitos.
Aún es tiempo para reencauzar los esfuerzos y no perder lo ganado.

(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES. LUNES 7 DE DICIEMBRE DE 2020).